Desde niño, los girasoles fueron mi flor favorita, incluso en una oportunidad sembré unas semillas y florecieron una especie de girasoles flaquitos y muy débiles que cuidé al extremo y que no superaron la falta de un cultivo más experto o condiciones más apropiadas, pero tengo en mi memoria ese bonito regalo que nació y creció en mi jardín… También se marchitó y murió, todo parece ser un ciclo ¿no?
De adulto he seguido admirando esta flor, no sólo por el color, mi favorito de siempre, tampoco porque es llamada la “Flor del Sol”; he logrado conectar con ellas, sobre todo, ahora que las consigo muy cerradas y me encanta comprarlas así, ¿Por qué? Porque al traerlas a casa cerradas, puedo disfrutar el proceso completo: sus pétalos van abriendo poco a poco y al cabo de un par de días mis girasoles brillan en todo su esplendor.
Me acompañan, no me decoran, llenan de luz y vitalidad mis espacios y disfruto ver su evolución, les agradezco amorosamente cuando marchitar es inevitable para ellas y conecto con los ciclos que yo mismo estoy cerrando, abriendo o modificando en su proceso o florecimiento, también, al hacerme cargo de sus primeras hojas caídas o ir retirando del florero las que deciden marchitan primero, alargo ese período que tanto me gusta y disfruto, trato de extender su luz con la idea esperanzadora que un nuevo ciclo, más próspero y luminoso, ha de iniciar.
No pretendo decir que mis ciclos o procesos duran lo que dura un girasol en mi florero amarillo, al contrario, creo que cada vez que ellas terminan su recorrido dejándose caer pétalo a pétalo sobre mi mesa, me invitan a pensar en las personas, cosas, fases, acciones y transformaciones que mis propios ciclos y evolución requieren, ya dice la canción nada se pierde, todo se transforma y aunque sería absurdo pensar en la reencarnación de los girasoles, me reconforta saber que con gratitud puedo reemplazarlas en mi florero y regresar a su magia.
Puede ser una simple flor, ser el símbolo del sol, vitalidad o admiración, yo decido convertirlas en amor, felicidad, positivismo y energía. ¡Los girasoles, como el sol, son un regalo!; en la cultura china, regalar un girasol es desear larga vida y buena suerte, para mi simboliza una invitación a vivir en amarillo, amar el sol y ser siempre luz, por eso, en mi propia cultura, si te regalo un girasol, créeme que he iniciado un ciclo que jamás terminará, que será un sentimiento o emoción para toda la vida, serás por siempre un tesoro amarillo que quiero ver florecer. Aunque google afirme que un girasol vive entre 3 y 4 semanas, que necesita gran cantidad de luz solar y agua para crecer, yo seguiré creyendo que mi rumbo a la eternidad estará guidado por girasoles que yo mismo iré cultivando, seleccionando con atención y trayendo conmigo como una creencia de gratitud, admiración y conexión… ¿Quieres ser un girasol?


