Vivimos una era en la que, los cultores espirituales nos invitan a renovarnos constantemente, a aceptar que no somos los mismos día a día; por su parte, los más religiosos nos emplazan a ser “luz del mundo” a imagen y semejanza de quién vino a cambiar la historia, pero, yo te invito a preguntarte ¿cómo ha sido tu propia historia con la luz?
Estamos llamados a entender que brillar no es sobresalir con ademanes, posturas o accesorios y materiales llamativos; cuánto nos falta acaso para tener la claridad que vivir en la luz es abrazar la intuición, es reconocer nuestra inteligencia y dignidad, es honrar el entorno en el que nos encontramos (incluso aquellas personas que nos hacen difícil esta misión). “Iluminarnos” no significa mantenernos en un nirvana personal; así como tampoco vivir en la oscuridad es la absoluta depresión que han descrito algunos expertos en salud mental. Todos atravesamos momentos -incluso etapas- en los que la rutina, la presión por descifrar el futuro y estar sometidos al pasado nos quita ese brillo natural, nos opaca la energía y nos dejamos caer en el nexo causal del no hacer, no dar, no ser, por ende, no avanzar. Hace poco leí el libro Vivir en la luz de Shakti Gawain, un viaje fascinante para qué “las cosas oscuras de la vida” no repriman significativamente nuestro andar, no debemos permitir que nos dejen en la inercia y vacío de la inacción, porque si algo he entendido en mi camino de formación y acompañamiento a otros, es que iluminarnos es una calmada acción: tareas placenteras ejecutadas en sosiego, creyendo que, la calma no es sentarte en tu sofá a meditar y ver pasar las horas; en la calma es donde se gesta la luz y se encuentra la anhelada realización personal, pero exige movimiento: salir de ese sofá después de la meditación y construir un plan, descubrir un propósito y fijar para él, objetivos y tareas.
Cuando intelectualizo el concepto de la luz personal, entiendo que la clave está en avivar la voz interior y seguirla en todo momento, ella nos convocará a romper antiguos patrones, creencias o expectativas para sentirnos en plenitud y así transformar “con nuestra luz” el mundo que nos rodea. Necesitamos convertirnos en ese canal por donde fluirá la fuerza creativa del universo, el amor incondicional que la religión propone, o las cosas buenas que visualizamos a través de las famosas leyes de la manifestación. Allí no sólo nos encendemos, también iluminamos nuestro andar y por ende, nos convertimos en “seres de luz” para la humanidad.
Ahora bien, esto es menos complejo de lo que crees y a la vez muy posible, sólo se trata de buscar un momento para mirar hacia ti. Analízalo, convérsalo contigo y recibe estas líneas como una chispa que llegó para multiplicarse en ti y que ahora sí, éste sea tu año del autoconocimiento, el aprendizaje, la renovación, la transformación y el avance que has soñado (y también postpuesto). La luz significa tu mejor versión… ¿Estás dispuesto a ir por ella?
Solo una pequeña acción basta para que esos días de oscuridad, temor y confusión se queden atrás… ¡Ha llegado el momento de encendernos! Lo importante es tomar la decisión, y te hago un spoiler: no funciona en automático, no vas a “iluminarte” instantáneamente, porque todo amanecer tiene su proceso, recuerda que el sol sale despacio; deja que hoy por lo menos puedas verlo y de a poco como si sus rayos empezaran a tu cuerpo hasta recorrerlo por completo, así mismo tú te vas encendiendo. Aprovecha tu libertad genuina de decidir y avanzar con asertividad hacía tu mejor tú.
Amarillo, Un Rayo de Bienestar
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Enero, 2026.


